





























Hadeeth Cards
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Narró Abu Huraira -Al-lah esté complacido con él- que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo: “Al vestirse y al realizar la ablución menor, comiencen por la extremidad derecha”.
Registrado por Ibn Mayah - Registrado por Al-Tirmidhi - Registrado por Abu-Dawud - Registrado por AhmadEste hadiz de Abu Huraira -Al-lah esté complacido con él- afirma la preferencia por empezar por la extremidad derecha en todo buen asunto. Así, narró que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo: “Al vestirse y al realizar la ablución menor, comiencen por la extremidad derecha”. Por lo tanto el musulmán debe empezar por el brazo derecho antes que el izquierdo cuando se va a poner una camisa o un pantalón. Por otro lado, también nos informó sobre ciertos miembros del cuerpo que se lavan al realizar la ablución menor en las cuales no existe la preferencia de empezar por la parte derecha, como el caso de orejas, manos y mejillas, las cuales se lavan al mismo tiempo.
'Abdul-lah ibn Mas'ud —que Al-lah esté complacido con él— narró: «Le pregunté al Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— qué acción es la que más ama Al-lah, y respondió: "La oración en su debido tiempo". Dije: "Y después, ¿cuál?". Dijo: "Tratar bien a los padres". Dije: "¿Y después?". Contestó: "Luchar por la causa de Al-lah"». Dijo Ibn (Mas'ud): «Me informó sobre ellas, y si le hubiera seguido preguntando, me habría dicho más».
Registrado por Al-Bujari y MuslimSe le preguntó al Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— qué acción es la que más ama Al-lah, y dijo que realizar las oraciones obligatorias en el tiempo delimitado por la sharia. Después, tratar bien a los padres, ser benevolente con ellos, cumplir con sus derechos y no desobedecerlos. A continuación, la lucha por la causa de Al-lah, tanto física como económicamente, para elevar la palabra de Al-lah, defender la religión del islam y a sus seguidores y dar a conocer sus rituales. Ibn Mas'ud —que Al-lah esté complacido con él— dijo que le informó sobre dichas acciones, y que, si hubiese seguido preguntando, le habría dicho más.
De Abu Huraira, que Al-lah esté complacido con él, que el Mensajero de Al-lah dijo: “Cada día que amanece descienden dos ángeles sobre los siervos. Y dice uno: ¡Oh Al-lah, da al generoso una gran recompensa por lo que gasta! Y dice el otro: ¡Oh Al-lah, arruina al tacaño!”.
Registrado por Al-Bujari y MuslimCada día que amanece descienden dos ángeles sobre los siervos. Y dice uno de ellos: “¡Oh Al-lah, recompensa en esta vida y en la Otra al que gasta su dinero en hacer el bien, cumpliendo con los actos de adoración y sufragando los gastos de su familia y huéspedes!”. Y dice el otro: ¡Oh Al-lah, arruina al tacaño, el que no gasta las riquezas que le ha otorgado Al-lah en lo que Él ha ordenado, siendo estas riquezas del Todopoderoso!”
Narró Husain Ibn 'Abdulrahman: "Estaba donde Sa'id ibn Jubayr y dijo: "¿Alguien de usted ha visto el planeta que estalló ayer?" Yo dije: yo, luego dije: yo no estaba en oración, pero fui mordido, dijo: ¿Y que hisiste entonces? Dijo: Solicite que me hagan Ruqia (recitación de versículos del Corán y suplicas del Profeta), dijo: ¿Y porque lo solicitaste? dije: Debido a una narración que nos transmitó Al-Shu'bi, dijo: ¿Y que les informó Al.Shu'bi? dije: Nos informó transmitiendo de buriadah Ibn Al-Husaib: "No se realiza la Ruquia sino por protgerse del mal ojo o la fiebre" Dijo ha hecho el bien de lo que ha escuchado, pero nos narró Ibn 'Abbas que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Me fueron mostradas las naciones, y algunos Profetas pasaron con unos pocos seguidores, y otros pasaron sin seguidores. Luego vi una gran multitud y dije: “¿Qué es ésto? ¿Es ésta mi nación?”. Me dijeron: “No, este es Moisés y su gente”. Dijeron: “Mira el horizonte”. Entonces vi una gran multitud que colmaba el horizonte. Dijeron: “Mira hacia allá, y allá, en los horizontes del cielo”. Había una multitud que colmaba el horizonte. Dijeron: “Ésta es tu nación, y de ella, setenta mil entrarán al Paraíso sin rendir cuentas”. Entonces él (el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah desciendan sobre él, entró a su casa sin dar más explicaciones. La gente empezó a discutir sobre lo que él había dicho, y decían: “Son los que han acompañado el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él”, otros decían: “Son nuestros hijos los que han nacido en el Islam mientras nosotros nacimos en el Paganismo (época preislámica)”. El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah desciendan sobre él, escuchó sobre lo que estaban hablando, salió y dijo: “Ellos son los que no buscan ruquia, no creen en malos augurios, y no se marcan con hierros calientes; los depositan su confianza únicamente en su Señor. ‘Ukhaashah ibn Mihsan se levantó y dijo: “Pide a Al-lah para que me convierta en uno de ellos”. Él, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah desciendan sobre él, dijo: “¡Oh, Al-lah! Conviértelo en uno de ellos”. Luego otro hombre se levantó y dijo: “Pide a Al-lah para que me convierta en uno de ellos”. Pero le dijo: “‘Ukaashah se te ha adelantado”.”
Registrado por Al-Bujari y MuslimHusain ibn 'Abdul-Rahman, Al-lah lo cubre con su misericordia, nos cuenta de una conversación entre él y Saeed Ibn Yubair, Al-lah lo cubre con su misericordia, con respecto al Ruquia. Cuando Husain fue mordido por un escorpio y lo trató por medio de la Ruquia legislada islámicamente. Cuando fue preguntado por Saeed sobre la prueba de ello, le contó la narración de Al-Shu'bi, la cual muestra la permisibilidad de usar la Ruquia como remedio del mal del ojo y del veneno, así que Saeed le eleogió por ello y le contó otra narración donde dejar de remediarse por la Ruquia es mejor, y esta narración fue relatada por Ibn 'Abbas, donde mencionó cuatro cualidade,s si alguien se caracteriza por ellas se merecerá entrar al paraíso sin rendir cuentas o probar algún castigo, dichas cualidades son: No buscar Ruquia, no creer en malos augurios, y no marcarse con hierros calientes; confiar únicamente en Al-lah, Exaltado sea. Cuando Okasha le pidió al Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, que lo suplicara para ser uno de ellos, le dijo que él es uno de ellos. Otro hombre con el mismo propósito, con quien el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le negó de manera educada y amable cerrando así el espacio para que los demás no le piden esto.
Sahl ibn Sa'd —que Al-lah esté complacido de él— relató que el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— dijo el día de Jaibar: «Entregaré el estandarte mañana a un hombre bajo cuyo mando Al-lah concederá la victoria; ama Al-lah y a Su Mensajero, al igual que Al-lah y Su Mensajero lo aman». Dijo (Sahl): «La gente pasó la noche hablando sobre quién lo recibiría. Por la mañana, se dirigieron al Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— con la esperanza de obtener el estandarte. Entonces dijo: "¿Dónde está 'Ali bin Abu Talib?". Le respondieron: "¡Oh, Mensajero de Al-lah!, padece de los ojos". Dijo: "Tráiganmelo". Se lo llevaron, y el Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— le escupió en los ojos y suplicó por él. Entonces se recuperó como si no hubiera sufrido dolor alguno, y le entregó el estandarte. 'Ali le dijo: "¡Oh, Mensajero de Al-lah!, ¿lucho contra ellos hasta que sean como nosotros?". Respondió: "Avanza despacio hasta que alcances su territorio, luego invítalos al islam e infórmales sobre los derechos de Al-lah sobre ellos. Por Al-lah que si Él guía a una sola persona a través de ti, será mejor para ti que poseer las mejores camellas"».
Registrado por Al-Bujari y MuslimEl Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— informa a sus compañeros de la inminente victoria de los musulmanes sobre los judíos de Jaibar al día siguiente, de la mano de un hombre al que le otorgará el estandarte, el cual es una bandera que el ejército toma como emblema. Entre las características de dicho hombre es que ama a Al-lah y a Su Mensajero, a la vez que Al-lah y Su Mensajero lo aman. Así que los compañeros pasaron la noche conversando sobre quién lo recibiría, deseando obtener ese gran honor. Y por la mañana, se dirigieron al Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— anhelando cada uno ser escogido para lograr tal distinción. Entonces les preguntó por 'Ali ibn Abu Talib —que Al-lah esté complacido con él—, y le dijeron que estaba enfermo, aquejado de los ojos. El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— lo mandó llamar, y lo trajeron ante él. Le escupió en los ojos con su honorable saliva y suplicó por él. Entonces, se curó de su dolencia como si no hubiera sufrido ninguna afección, y le entregó el estandarte. Le ordenó avanzar con calma hasta acercarse a la fortaleza del enemigo y ofrecerles la oportunidad de entrar en el islam. Si aceptaban, debía informarles sobre sus obligaciones. Después, el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— le explica a 'Ali el mérito de invitar a la gente a adorar a Al-lah y que, si el predicador es la causa de que un solo hombre sea guiado, eso es mejor para él que poseer los camellos rojos (más valiosos), que es el bien más preciado por los árabes, y así obtenerlos o darlos en caridad.
Narró Abu Zaid Ibn Jalid Al-Yahni -Al-lah esté complacido con él- que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo: “Quien pertreche a un guerrero por la causa de Al-lah, obtiene la misma recompensa que si hubiese luchado. Y quien cubra las necesidades de la familia de un guerrero durante su ausencia, es como si también hubiese luchado”.
Registrado por Al-Bujari y MuslimSi un musulmán pertrecha a un guerrero por la causa de Al-lah con su montura, su equipo y sus armas, Al-lah lo recompensará del mismo modo que recompense al que luche en Su nombre, puesto que lo ha ayudado a hacer el bien. Si un musulmán quiere partir a luchar por la causa de Al-lah, pero le preocupa que su familia no tenga quien la mantenga y se lo pide a uno de los musulmanes diciéndole: “Cubre las necesidades de mi familia en mi ausencia”. Si cubre las necesidades de dicha familia, tendrá la misma recompensa que quien partió a luchar por la causa de Al-lah debido a su ayuda. De esto se concluye que todo aquel que ayude a una persona en el cumplimiento de su deber con Al-lah, obtiene la misma recompensa que quien realiza la acción. Por lo tanto, si una persona ayuda a un estudiante a comprar sus libros, o le garantiza una vivienda o cubre su manutención, etc., tendrá la misma recompensa de quien realice dicho acto, sin que eso disminuya la recompensa de quien realiza la acción.
Yahya ibn ‘Umarah Al Mazini narró: «Fui testigo de cuando 'Amr bin Abu Hasan le preguntó a 'Abdul-lah bin Zaid sobre la ablución del Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él—. Este pidió un recipiente con agua y realizó la ablución para ellos tal y como la hacía el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él—. Vertió un poco de agua del recipiente en la mano y se las lavó tres veces. Luego introdujo la mano en el recipiente y se enjuagó la boca, aspiró agua por la nariz y la expulsó tomando agua con el cuenco de la mano tres veces. A continuación, introdujo la mano y se lavó la cara tres veces. Después, se lavó las manos hasta los codos inclusive dos veces. Luego introdujo la mano y pasó las manos húmedas por la cabeza desde la zona frontal hasta la nuca y de la nuca a la zona frontal una sola vez. Posteriormente se lavó los pies hasta los tobillos inclusive».
Registrado por Al-Bujari y Muslim'Abdul-lah bin Zaid —que Al-lah esté complacido con él— aclaró, de una forma práctica, la manera en la que el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— realizaba la ablución. Para ello pidió un recipiente pequeño con agua. Empezó por lavarse las manos, por lo que inclinó el recipiente y vertió agua con la que se lavó las manos fuera del recipiente tres veces. Después introdujo la mano en el recipiente, y, con el cuenco de esta, tomó agua tres veces y se enjuagó la boca y limpió su nariz aspirando y expulsando por ella el agua cada vez. A continuación, tomó agua del recipiente y se lavó la cara tres veces. Luego volvió a tomar agua y se lavó las manos hasta los codos inclusive dos veces. Después introdujo las manos en el recipiente y las pasó por la cabeza empezando por la zona frontal de esta hasta llegar a la nuca, y luego repitió la operación desde la nuca hasta regresar al punto de la cabeza desde el que había comenzado. Por último, se lavó los pies incluyendo los tobillos.
Narró Ibn Shammasa Almahry dijo: ‘Nos presentamos a ver a ‘Amru Ibn Al-‘As, que Al-lah esté complacido de él, cuando estaba agonizando. Y llorando largamente volvió su rostro hacia la pared para que no se viera su llanto. Y le dijo su hijo: ‘¡Oh padre! ¿Acaso no te ha anunciado el Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, que obtendrás tal y tal ?’ (el perdón y la misericordia) Y luego viró su rostro y dijo: ‘Verdaderamente lo mejor que podemos preparar para la Otra Vida es nuestro testimonio de que no hay más divinidad que Al-lah y que Muhammad es el Mensajero de Al-lah. Verdaderamente yo he pasado por tres estados; primero en la época preíslámica me he visto a mí mismo sin que hubiera otro que odiara más enérgicamente que yo al Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Y de haber podido nadie hubiera querido matarlo más que yo. Pues, si yo hubiese muerto en ese estado (en la época preislámica), hubiese sido de la gente del Infierno. Después, cuando Al-lah puso el Islam en mi corazón, fui al Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y le dije: ‘Extiende tu mano derecha que te voy a dar mi promesa de lealtad’. Extendió, pues, su mano derecha y yo encogí mi mano y dijo: “¿Qué te pasa, ‘Amru?’ Dije: ‘Quiero poner una condición’. Dijo: “¿Que condición quieres poner?” Dije: ‘Que se me perdone’. Dijo: “¿Acaso no sabes que el Islam elimina y deshace todo lo anterior. Y que la Hégira elimina lo anterior a ella. Y que la peregrinación deshace todo lo anterior?” Y en ese estado (el segundo) no había nadie más querido para mí que el Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Ni nadie tan majestuoso como él. De tal forma que si me pidieran que lo describiese, no podría hacerlo. Porque era tal su majestuosidad que no me atrevía ni a mirarlo, y sin verlo no podría describirlo. Y si hubiera muerto en ese estado, habría deseado ser de la gente del Paraíso. Después, se nos encomendaron asuntos de los que se derivaban responsabilidades, que no sé si cumplimos con ellas o no, y cuál es mi situación con respecto a ellas. Y, si muero, que no me acompañen ni gritos ni fuego. Y cuando me enterren, arrojen la tierra sobre mí lentamente. Después permanezcan alrededor de mi tumba el tiempo que se tarda en sacrificar un camello y repartir su carne. De tal forma que me hagan compañía y vaya viendo lo que voy a responder a los ángeles enviados por mi Señor’.
Registrado por MuslimEste hadiz de ‘Amru Ibn Al-‘As, que Al-lah esté complacido de él, engloba un tema de gran importancia relativo a la albricia y el anuncio de la buena noticia. La grandiosa historia que se narra en el hadiz es en resumen de la siguiente manera: Algunos sahabas (compañeros del Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), habían asistido a las últimas horas de ‘Amru Ibn Al-‘As, estando ya agonizándose. Este lloró intensamente, y giró su cara hacia la pared para que los demás no lo vieran en llanto. En eso que su hijo le preguntó por qué lloraba, si el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le había anunciado que es de la gente del Paraíso. Entonces Ibn Al-‘As, respondió a su hijo, y le dijo que él había pasado por tres situaciones (estados). Eso tres estados son: El primero, es que él odiaba intensamente al Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y que no había nadie sobre la faz de la tierra que odiaba más al Profeta que él, y que si hubiera podido matarlo, lo hubiera hecho. Y eso era una gran incredulidad. Luego continúa, y dice que cuando Al-lah puso el Islam en su corazón, fue al Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y le dijo que extendiera su mano, y el Profeta, que era la persona más educada de toda la gente, extendió su mano, y entonces ‘Amru Ibn Al-‘As encogió su mano, no como soberbia, sino por lo que iba a decir, y entonces dijo: Oh Mensajero de Al-lah, voy a poner condición para darte la mano, y el Mensajero le contestó que cuál era la condición, y Ibn Al-‘As, dijo: que Al-lah me perdone por lo que he hecho en el pasado de incredulidad y falta. Y eso era evidentemente, la mayor preocupación de Ibn Al-‘As, que Al-lah esté complacido de él, ya creía que Al-lah no le perdonaba su pasado. Entonces el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah, le dijo: “¿Acaso no sabes que el Islam elimina y deshace todo lo anterior. Y que la Hégira elimina lo anterior a ella. Y que la peregrinación deshace todo lo anterior? Por tanto son tres cosas son las que eliminan lo que hubo de pasado, la primera de ellas es el Islam, y está recogido en el Corán, cuando Al-lah, Glorificado y Exaltado sea, dijo: (Diles a los incrédulos [¡Oh, Muhammad!] que si desisten [y abrazan el Islam] les será perdonado cuanto cometieron en el pasado, pero si persisten [en la incredulidad] tendrán el mismo destino de los pueblos que les precedieron. Y el segundo elemento que borrar lo pasado, es el Hiyra, y es que una persona cuando emigra de su país de origen, donde rigen las normas de la incredulidad, entonces se le elimina su pasado. Y el tercer elemento es el Hajj (la peregrinación). En este aspecto el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “El Hayy al-mabrur (bien cumplido, piadoso, correcto) no tiene otra recompensa que el Paraíso”. Después de oír eso, Ibn Al-‘As hizo el bay’a (jurar fidelidad) al Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y se convirtió en la persona que más amaba al Profeta, de tal forma que le era imposible no mirarle, no amarle. Por tanto, de odiarle con toda su fuerza, a amarle con toda su fuerza. En el hadiz, Ibn Al-‘As, que Al-lah esté complacido de él, dice que si hubiera muerto en el primer estado cuando odiaba al Profeta, hubiera sido de la gente del Infierno. En cambio si muere en el segundo estado (al convertirse al Islam, y amar al Profeta) habría deseado ser de la gente del Paraíso; y no dice habría sido de la gente del Paraíso, sino ‘hubiera deseado ser de la gente del Paraíso’, del temor que siente, ya que atestiguar que vaya al Paraíso es un asunto muy difícil. Después en el hadiz Ibn Al-‘As afirma que le fue encomendada una serie de responsabilidad; como la guerra de Mu’awia, y sucedió lo que sucedió. Ibn Al-‘As era muy conocido entre los árabe por sus gran astucia e inteligencia. Después Ibn Al-‘As aconseja a los suyos que no le acompañan con gritos ni fuego. Y que cuando le entierren que permanezcan alrededor de su tumba el tiempo que se tarda en sacrificar un camello y repartir su carne después. De tal forma que le hagan compañía y vaya viendo que va respondiendo a los ángeles enviados por Al-lah. La persona fallecida una vez que se entierra vendrán a él dos ángeles y le preguntarán tres preguntas: quién es tu Señor; cuál es tu religión y quién es tu Profeta. En el hadiz Ibn ‘As, que Al-lah esté complacido de él, ordenó a su familia que esperan lo que se tarda en sacrificar un camello y que luego repartan su carne. Esto muestra que el fallecido siente la presencia de su gente. Se corroboró que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, afirmó que el fallecido escucha los ruidos de los pasos de los que le enterraron una vez que parten. Al igual que también hay constancia de hadiz hassan que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, cuando enterraba algún fallecido se colocaba delante de su tumba y dice: “Solicitarle a su hermano el perdón de Al-lah, y solicitarle que se mantenga firme en su religión, ya que en estos momentos está siendo preguntado (por los dos ángeles)”. Por tanto, es recomendable que una vez enterrada la persona en su tumba se diga: “¡Oh Al-lah!, que se mantenga firme en su religión; “¡Oh Al-lah!, que se mantenga firme en su religión; “¡Oh Al-lah!, que se mantenga firme en su religión; “¡Oh Al-lah!, perdónale”; “¡Oh Al-lah!, perdónale”; “¡Oh Al-lah!, perdónale”. Ya que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, si saludaba lo hacía tres veces; y si suplicaba lo hacía tres veces. En resumen que Ibn Al-‘As, fue albriciado por el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, con el Paraíso.
Narró Abu Musa Al-Ashaari -Al-lah esté complacido con él-: “Llegué al Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y lo encontré cepillándose los dientes con un siwak fresco (rama natural)”. Añadió: “El extremo del siwak estaba colocado sobre su lengua y de tanto cepillarse le provocaba arcadas”.
Registrado por Al-Bujari y MuslimAbu Musa Al-Ashaari -Al-lah esté complacido con él- menciona que fue a ver al Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y lo encontró cepillándose los dientes con un siwak fresco (rama natural), porque es mejor para la higiene bucal, ya que no se desintegra en la boca, lo que puede causar algún daño. El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- había colocado el siwak sobre su lengua y de tanto cepillarse le provocaba arcadas.